Lejos de intentar tomar a Kundera (1984), el peso de no ser es aún más insoportable que el ser.
La carga de uno está en el otro. El no ser implica un ser parcial, incompleto, desmembrado.
Procuramos una vida de éxitos, pero no estamos preparados para el fracaso y la frustración de lo cotidiano.
Pensamos en el otro, otra, otre como una idea, objeto o sujeto pasivo de nuestras obsesiones, y no como un espejo defectuoso de nosotros mismos.
¿Por qué seríamos mejores personas sino fuéramos simplemente personas? ¿Cuántas son las personas en 7.000 millones que tienen alguna habilidad especial para llevar adelante un cometido único en este mundo? Todos, absolutamente todos; y ninguno también.
Hemos escuchado que los grandes cambios surgen a partir de pequeñas acciones; por más mínimas que ellas sean tienden a provocar una reacción y un efecto. La reacción, ocasional o generalmente más bien, es el rechazo, la aversión al cambio. Los efectos pocas veces inmediatos, otras mediatos o a muy largo plazo, y gran parte de ellos, nunca acaecerán.
¿Debemos pensar sólo por una cuestión de eficacia temporal? No necesariamente, sí asumiendo de antemano que nada de lo que hagamos provocarán los resultados que esperamos ideal o utópicamente.
Esto, que parece tan racional y metódico, es puramente intuitivo y caótico. Intuición pura por crecer, cambiar, superarnos como personas, especie. Caos natural a los procesos desordenados en que se desenvuelve un universo con pocas reglas cognoscibles para la humanidad, limitada por un mundo físico finito, con capacidades de conocer igualmente finitas.
No somos, pues. No seremos... al menos no hoy. Somos en el otro, con el otro y para el otro.
Toda nuestra vida es una experiencia de relación con otras personas, con objetos y particularmente la naturaleza, el entorno que percibimos...y el que no percibimos también.
Lo insoportable de no ser, es que sabemos que podemos ser y no lo somos. Estamos a tiempo aún de descubrirnos interna y externamente. Nuestro tiempo físico limitado nos debería empujar a la construcción del ser en un todo, donde todos somos uno, pero no por ello dejamos de ser; todo lo contrario.
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