martes, 20 de julio de 2021

La insoportable levedad de no ser

Lejos de intentar tomar a Kundera (1984), el peso de no ser es aún más insoportable que el ser.

La carga de uno está en el otro. El no ser implica un ser parcial, incompleto, desmembrado.

Procuramos una vida de éxitos, pero no estamos preparados para el fracaso y la frustración de lo cotidiano.

Pensamos en el otro, otra, otre como una idea, objeto o sujeto pasivo de nuestras obsesiones, y no como un espejo defectuoso de nosotros mismos. 

¿Por qué seríamos mejores personas sino fuéramos simplemente personas? ¿Cuántas son las personas en 7.000 millones que tienen alguna habilidad especial para llevar adelante un cometido único en este mundo? Todos, absolutamente todos; y ninguno también. 

Hemos escuchado que los grandes cambios surgen a partir de pequeñas acciones; por más mínimas que ellas sean tienden a provocar una reacción y un efecto. La reacción, ocasional o generalmente más bien, es el rechazo, la aversión al cambio. Los efectos pocas veces inmediatos, otras mediatos o a muy largo plazo, y gran parte de ellos, nunca acaecerán.

¿Debemos pensar sólo por una cuestión de eficacia temporal? No necesariamente, sí asumiendo de antemano que nada de lo que hagamos provocarán los resultados que esperamos ideal o utópicamente.

Esto, que parece tan racional y metódico, es puramente intuitivo y caótico. Intuición pura por crecer, cambiar, superarnos como personas, especie. Caos natural a los procesos desordenados en que se desenvuelve un universo con pocas reglas cognoscibles para la humanidad, limitada por un mundo físico finito, con capacidades de conocer igualmente finitas.

No somos, pues. No seremos... al menos no hoy. Somos en el otro, con el otro y para el otro. 

Toda nuestra vida es una experiencia de relación con otras personas, con objetos y particularmente la naturaleza, el entorno que percibimos...y el que no percibimos también.

Lo insoportable de no ser, es que sabemos que podemos ser y no lo somos. Estamos a tiempo aún de descubrirnos interna y externamente. Nuestro tiempo físico limitado nos debería empujar a la construcción del ser en un todo, donde todos somos uno, pero no por ello dejamos de ser; todo lo contrario. 

lunes, 21 de junio de 2021

Tristeza... y la luz

 No hay sentimiento más lindo que sentirse amado, de ser necesario para alguien.

Sin embargo, quienes primero nos debemos amar somos nosotros.

Aceptar la imperfección como rasgo que nos identifica como personas. Y no es a la imperfección exterior a la que aludimos, a la relatividad, fragilidad y caducidad de la belleza y la juventud.

No, esa belleza externa, aparente símbolo del éxito no es la que pretendemos alcanzar.

Hablamos de la belleza como balance, equilibrio en uno mismo y en el todo.

¿Con quién hablar en silencio y en soledad? ¿Quién nos escucha cuando soñamos? ¿Por qué la búsqueda inconsciente o no tanto del amor?

Si no nos amamos primero nosotros, quién lo va a hacer con o por nosotros.

Toda experiencia frustrada es experiencia a final; el único amor perenne es el que no se piensa ni se justifica. Así como la indiferencia, como antagónica del amor, duele más para su destinatario, por la ausencia de conocimiento y reconocimiento del otro.

La noche nos lleva a la oscuridad, que no es esencialmente mala, sino que no nos permite ver, nos incomoda el espacio que no podemos controlar ni identificar. Más aún las personas que no podemos ver o no nos miran. Somos seres invisibles para muchos e intrascendentes para otros, por qué debería entonces interesarnos en pensar en quiénes no piensan en nosotros porque piensan en otros?

El equilibrio, como dijimos, es interno, es un acto volitivo, pensado y actuado. 

El desequilibrio nos lleva a la tristeza, al llanto, al encierro, a una oscuridad que no espera al alba para despertarse.

¿Quién o qué es tan importante que merece nuestra tristeza por su rechazo? Nada es permanente, pero a todos nos gustaría que eso no fuera así. Pensamos que el otro nos amará y gustará de nosotros por siempre, pero eso no sucede ni sucederá. Por causas diversas, no importa cuales, pero la naturaleza nos juega a los dados todos los días. 

El tiempo se encarga de sepultar la pasión, el amor y la atracción sino trabajamos para que ello no suceda. Luego, ya es tarde, a veces demasiado.

No obstante, la luz siempre precede a la oscuridad y viceversa, en un ciclo permanente que nos supera, aunque no lo queramos. 

Aceptar esta limitación, nos hace anticiparnos a cualquier desdicha o tristeza, en cualquier plano relacional, no sólo el amoroso. Todas las tormentas pasan, no provoquemos más lluvias que las necesarias para que nuestro jardín florezca en primavera.   

 

jueves, 8 de abril de 2021

Reflexiones en soledad

 

¿Qué es amar?

Amar no es sentir amor sino ser amado. El sentimiento único, individual, no correspondido no es amor, es pura obsesión.

¿Existe el amor?

Desde que el ser humano se ha planteado a sí mismo preguntas que refieren a la existencia, el ser, el devenir, la trascendencia o no de la persona más allá de la vida, el amor ha surgido como una nota común que marca todas y cada una de las preguntas que hacen a la insoportable levedad de nuestra vida.

Somos totalmente irrelevantes universalmente. Menos que una partícula subatómica con relación al universo conocido. ¿Por qué deberíamos ser entonces importantes? ¿Quién o qué decidió que así fuera?

Nadie ni nada, solo nosotros.

Las explicaciones míticas, religiosas y más cercanas en el tiempo, lógicas, racionales y científicas sobre la vida y las cosas que forman parte del universo cognoscible, siempre se encontraron –y aún hoy lo están– limitadas por el alcance de nuestro intelecto y las herramientas y recursos con los cuales, desde que la persona humana tiene conciencia de su existencia, su comienzo y fin, intentamos responder preguntas sin respuestas, o con respuestas siempre provisionales.

El amor integra ese campo de cuestiones que pensamos, erróneamente, que son patrimonio exclusivo de la humanidad, y no lo son. Podrán ser confundidos con el instinto, pero todas las especies animales e incluso las vegetales sienten. Dejando de lado organismos unicelulares, el sentir es una reacción, una respuesta a un estímulo, que puede o no exteriorizarse.

El amor, como sentimiento, es una respuesta a un estímulo (positivo) que nos provoca una necesidad de conexión completa, integral, que nos contiene y nos limita.

Pensar la vida sin amar, es no pensar la vida; es carecer de proyectos. Y no hablamos del amor de pareja, solamente. 

El amor como sentimiento que nos une en la amistad y nos identifica como parte de un colectivo.

El amor más allá del contacto físico. 

El amor hecho verbo, en actos desinteresados, altruistas, aunque siempre tengan un componente egoísta, en tanto nos provoca una sensación interna de satisfacción hacer el bien.

Sostener el amor es construir todos los días. Es regar todos los días una planta que no sabemos a ciencia cierta si va a madurar o dar frutos.

Amar no es especular con el otro o por el otro. No, la especulación responde a una idea de beneficio propio respecto a otro u otros que tienen una pérdida. Siempre.

¿Se puede amar sin ser amado?

Si, siempre que no se transforme en la obsesión enferma por la otra persona.

Amar es dejar ir, dejar volar al otro, aunque duela porque pensemos -egoístamente- que solo él o ella sólo es feliz con nosotros, o peor todavía que lo es con otros.

Reflexiones mínimas del amor en una mañana de desamor, soledad e indiferencia.

lunes, 8 de febrero de 2021

Ideas iniciáticas

 Sólo pensar y soñar, remover el pasado.

Creer que la mente puede modificar los errores.

¡Qué de la vida sin la equivocación constante!

¿Qué anhelamos? ¿Vernos en el otro, en los otros?

¿Para qué trascender si no estaremos para percibir nuestro ser trascendente?

Mis disculpas a quienes lastimé por acción y omisión.

Mis disculpas a quienes lastimé por no estar cuando me necesitaban.

Disculpas por no saber ser yo ni corresponder a los afectos.

Disculpas por no saber amar(te)(los).

Inicio este camino con ideas, más bien pensamientos.

Y aflora en mí el sentimiento metafísico de la muerte...

O de la vida: ¿para qué vivir? ¿por qué? ¿para quién?

Por ella, por ellos, por mí...

Somos siempre uno, solos, desde que nacemos hasta que morimos.

Al inicio y al final, siempre fuimos uno.


La insoportable levedad de no ser

Lejos de intentar tomar a Kundera (1984), el peso de no ser es aún más insoportable que el ser. La carga de uno está en el otro. El no ser i...